El aire húmedo y espeso, a veces huele a flores, a eucaliptos, a manzanilla, a alimentos de animales; colinas que divisan una tras otra, adornadas de ichu y arbustos; casitas levantadas de adobe y de tapial, techadas con paja; vertientes de agua que nacen del vientre de los cerros, discurren lentamente para formar riachuelos y luego se transforman en grandes ríos. Así es el paisaje donde viven Ruperto, Agustín, Gumercindo y la abuela Nashta.
Antes que nazca el alba, aún cuando los gallos cantan y los pájaros comienzan a bañarse en los puquíos y ríos, Ruperto y Agustín se levantan a preparar su fiambre. A las siete de la mañana tienen que ir a trabajar al campo.
Como de costumbre, Gumercindo, el hermano menor, se queda al cuidado de su abuela.
- Cuidas a la abuelita y le das su comida. Le dice uno de sus hermanos.
- ¡Ya! ¡ya! No se preocupen. Responde Gumercindo.
El astro rey alcanzaba la mitad del firmamento, Gumercindo estaba completamente concentrado jugando canicas en el patio de su casa, de pronto alzó la cabeza y a lo lejos vio a sus hermanos que regresaban de trabajar.
Se acordó de la abuela, fue inmediatamente a la cocina, sacó un mate con harina de cebada y un jarro con agua y empezó a dar de comer a la abuela.
- Come abuelita, tu harinita, con un poquito de agüita, pa que no te aúgues.
Una tras otra fueron las cucharadas que Gumercindo daba apresuradamente a la abuela, cuando de pronto tras un movimiento brusco, la abuela cayó al suelo. Gumercindo asustado trató de levantar a la abuela; pero fue en vano, la abuela ya no respiraba; pues, se había ahogado con la harina y el agua. Sabiendo que sus hermanos le pegarían, arrastró el cuerpo de la abuela sobre una silla, le puso un sombrero, una rueca y un uso, de tal modo que aparentaba estar sentada, hilando.
Como de costumbre, Ruperto y Agustín corren a saludar a la abuela, pero esta vez la abuela no contesta el saludo. Preocupados por tal actitud, le sacan el sombrero, la rueca y el uso, dándose la sorpresa que la abuela estaba muerta. Un torrente de lágrimas empezó a descender por las mejillas de los jóvenes, la nostalgia se apoderó de todo su ser.
- ¡Noooo, no, nos dejes abuelita! Dijo uno de ellos.
- Sooo…. sonso has matado a la abuela, era lo único que teníamos. Dijo el otro.
Gumercindo estaba completamente callado, como si se hubiese comido la lengua, lloraba al igual que sus hermanos y sólo bajaba la cabeza ante los reclamos.
Como es de costumbre en la sierra, velar el cuerpo del difunto por dos noches y tres días. En medio de la tristeza y el dolor comenzaron los preparativos para el velorio. Ruperto y Agustín y algunos vecinos alistaban los peroles y las ollas para cocinar las papas, el mote y la patasca. Mientras tanto, Gumercindo tenía que ir a moler tres arrobas de trigo al molino más cercano del pueblo.
Gumercindo cogió el saco de trigo, lo echó sobre los hombros y para no olvidarse cuantas arrobas llevaba, por el camino iba gritando:
- ¡Tres arrobas nomás!, ¡Tres arrobas nomás!, ¡Tres arrobas nomás! …
Cerca al empedrado camino, tres campesinos estaban trillando trigo con tres robustos caballos, al escuchar los gritos del muchacho, uno de ellos dijo:
- ¡Como que tres arrobas nomás, mocoso del demonio!, que te has creído, ves que estoy trillando mi trigo y tú quieres que salgan tres arrobas nomás.
Otro de los campesinos cogió de los hombros a Gumercindo arrojándolo al suelo, junto al saco de trigo que llevaba.
- Entonces ¿Cómo se dice? Dijo Gumercindo llorando.
- Se dice: ¡Que salga más!
Gumercindo cogió el saco de trigo y nuevamente siguió gritando por el camino.
- ¡Que salga más!, ¡Que salga más!, ¡Que salga más!...
A lo lejos venía un señor que llevaba tres latas de kerosene sobre un burro, una lata estaba rota y el kerosene caía gota a gota.
- ¡Cómo que salga más!, ves que mi kerosene está desparramándose y todavía dices que salga más.
- ¡Perdóneme señor! Así me han dicho que diga yo.
- ¡Cómo que así te han dicho que digas! Así no se dice.
- Entonces ¿Cómo se dice? Dijo Gumercindo lloriqueando por las patadas que había recibido.
- Se dice: ¡Que ya no salga más!
Cogió el saco de trigo, lo echó sobre sus hombros y prosiguió por el camino gritando.
- ¡Qué ya no salga más!, ¡Qué ya no salga más!, ¡Qué ya no salga más!...
De pronto pasó junto a un arriero que llevaba tres burros, dos se habían hundido en el barro cerca de un lugar pantanoso. Uno había logrado salir pero el otro estaba intentando sacarlo. Al escuchar los gritos del muchacho se acercó y le dijo:
- ¡Cómo que ya no salga más! Ves que mi burro esta atollao y todavía dices que ya no salga. Estás burlándote.
- No señor, así me han dicho que diga yo.
- ¿Quién te ha dicho que digas así? Así no se grita.
- Entonces ¿Cómo se dice?
- ¡Así como ha salido el uno que salga el otro! Se dice.
Gumercindo nuevamente siguió caminando, repitiendo lo que le había dicho el arriero.
- ¡Así como ha salido uno que salga el otro!, ¡Así como ha salido uno que salga el otro!, ¡Así como ha salido uno que salga el otro!...
Un tuerto que cruzaba el camino al escuchar los gritos se llenó de rabia y gritó:
- ¿Qué cosa dices adefesio de mierda? Ves que tengo un solo ojo y todavía quieres que salga el otro.
- Entonces ¿Cómo se dice?
- No se dice nada, callao se va.
Después de recibir una golpiza, siguió caminando cargado el saco de trigo y gritando:
- ¡No se dice nada, callao se va!, ¡no se dice nada, callao se va!, ¡no se dice nada, callao se va!...
Tres borrachos venían por el camino cantando y silbando.
- ¿Cómo que no se dice nada, callao se va? A nosotros nadie nos va a callar mocoso. Aurita te vamos a sacar la mierda.
- ¡No señor! Así me han dicho que diga yo.
Gumercindo observó que los borrachos se acercaban para golpearle. Dejó el saco de trigo y corrió para salvarse de la golpiza que le esperaba. Al darse cuenta que ya no tenía trigo, regresó a su casa, sabiendo que le esperaba otra golpiza, la de sus hermanos.
En medio de los trajes negros, que simbolizan el luto por la muerte de un ser querido, fue enterrado el cuerpo de la abuela Nashta. Desde entonces, Ruperto, Agustín y Gumercindo quedaron solos en el caserío de Jaulabamba.

1 comentarios:
buena historia, como para golpear a algunos personajes, eso sí
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